Saturday, June 2, 2007

Más de diez años después



En mi vida he vivido pocas muertes de forma cercana y quizás por eso no me angustia el hecho de no poder ver más a un ser querido (Nota de UnaLuca: A propósito de un blog que leí: Cuando la muerte nos visita... otra vez. A mí lo que realmente me duele es no poder despedirme, esto lo aprendí hace más de diez años).

Uno de mis más grandes dolores fue la muerte de mi abuelo, lloré en silencio y no porque se hubiese muerto, en mi mente y en mi corazón jamás pasaría, sino porque no pude despedirme y siempre me reproché -y le reproché- nuestra última conversación esa tarde de enero de 1996...

Él nunca tuvo una relación muy cercana con mi madre, pero conmigo era diferente, cada vez que yo viajaba a verlo dejaba casi todo de lado y pasábamos tardes enteras hablando de su vida. (Nota de UnaLuca: Era un enamorado de la vida, tenía tres pasiones: la bomba, la música y las mujeres. Tres amores que le consumían mucho tiempo)

Vivía por y para "La Bomba", dejaba todas sus obligaciones por ir a apagar un incendio, jamás faltó a su juramento aunque eso significara lástimar a sus más cercanos. (Nota de UnaLuca: En su país los bomberos no reciben paga por su trabajo, por eso perdió muchos empleos, además era normal que cada vez que escuchaba una sirena dejara todo tirado y partiera a la emergencia)

En el verano de 1996 ambos intuíamos que no nos quedaba mucho tiempo juntos, por eso hablamos más que nunca y contestó todas las preguntas prohibidas. Con paciencia aguantó mis interrogatorios y no esquivó ninguna espina. Incluso me atreví a pedirle que me dejara su más preciado bien, una pequeña caja donde guardaba una placa de "Bombero Fundador de la Treceava Compañía" que le habían dado en 1985, cuando se homenajeo en vida a todos fundadores.

Al principio no le hizo mucha gracia, pero después de un tiempo logré el ansiado Sí. A una semana de mi regreso me dijo:

ÉL: "te la doy el próximo lunes, nos vemos donde la nona a la misma hora de siempre"
Yo: "¿es un trato?"
Él: "es un trato"

Obviamente al lunes siguiente no llegó. Lo esperé horas y no llegó.

Lo que más me dolió no fue que incumpliera el pacto sino que no se despediera de mí, era la primera vez que me hacía algo así y simplemente no lo podía creer.

Al día siguiente tomé el vuelo de regreso y nunca más lo ví porque en noviembre de ese año murió.

Durante años me arrepentí de mi petición. Él me conocía bien y sabía que no me iría con las manos vacías. Yo lo conocía mejor: sabía que jamás me daría su joyita, pero igual me arriesgué. Por fin con el tiempo logre hacer las pases. (Nota de UnaLuca: Que este muerto no significa que no este conmigo, en el sentido figurado)

Sin embargo, la última palabra no estaba dicha. Más de diez años después de su muerte mi abuelo "me dio una sorpresa": Una cajita llegó a mis manos. Adentro junto a una carta estaba la responsabe de una de mis grandes penas.

Esa caja es un gran tesoro porque me trajo respuestas y me recuerda despedirme de la gente que quiero porque después no sé si lo podré hacer.

2 comments:

Duir said...

El temor a que la gente se nos vaya sin decir adiós es un miedo tan natural como el miedo a la oscuridad.
Sin embargo más de diez años después seguramente podrás recordar más intensamente el olor del aire en ese momento, los gestos de esa persona, el sentir del tacto al abrazarla. Recordarás más intensamente porque esta fue la última vez que lo viste. Y al hacer esto... al querer revivir estas sensaciones, estás trayendo a la vida, al plano mental el tiempo que viviste hace más de diez años.
La única muerte es el olvido.

unaluca: said...

Duir: Totalmente de acuerdo. La muerte es el olvido, pero siempre queda la sensación de que algo se pudo cambiar, por eso hoy cuido lo que digo y sobre todo lo que hago con la gente que me importa porque no sé si los volveré a ver.